Tal vez no sea una historia Danna, ni Crisda, ni una historia que pueda llamar la atención a primera vista. Lo que yo pretendo al contaros la 'historia' de una fan con Daniel, es que cada una os pongáis en su lugar y os dejéis llevar por mis palabras, pensando que la protagonista sois vosotras, que vosotras sois las que vais a vivir esto con Daniel, y que si el dice 'Te quiero, Marina' (Marina es el nombre de la protagonista) vosotras penséis que dice 'Te quiero, Sara';'Te quiero, Rocío';'Te quiero, Laura'; etc. Allá donde ponga 'Marina' poner vosotras vuestro nombre, y disponeos a vivir una historia preciosa con Daniel porque.. ¿quién dijo 'imposible'?

martes, 31 de julio de 2012

CAPITULO 9.


Marina lo está haciendo genial. Cualquiera dice que es la primera vez que se pone en un escenario frente a tanta gente. Sólo se escuchan aplausos entre personas cantando y bailando. Pero ella… está seria. Sonríe de vez en cuando pero en señal de agradecimiento.  Y no deja de mirar la puerta… toda la noche mirándola, como si esperase a alguien. A alguien que le devolviese la sonrisa, quizá. Y no iba muy descaminado. Porque fue empezar a cantar la última canción y abrirse esa puerta y Marina sonreír, ¡pero qué sonrisa! Ese chico me suena… ¿no sale en la tele? No, es imposible que alguien que trabaje en la tele venga aquí. El muchacho se sienta al final, también sonríe.  Parece que el único que no sonríe aquí soy yo, que detrás de la guitarra, no puedo dejar de mirarla. Tengo que conseguir que Marina se fije en mí. No soy nada del otro mundo pero… ¿y qué? Ella es única. Ella hace que me guste más la música, que luche por mis sueños, me hace soñar. Sí, ella es mi sueño. Termina la canción. Todos se levantan y aplauden. Les ha encantado, quizá yo también haya contribuido a ello, ser Alberto, el de la guitarra, no me parece nada mal y menos si estoy a su lado.

Minutos antes.

Dani mira el reloj. Va cerca de una hora tarde, Marina no le ha contestado el sms ¿lo habrá visto? Acelera, le da igual si le ponen una multa, él va a verla  y va a apoyarla. La cena con Cris se ha alargado. Ella no quería que se fuera y al final, han acabado discutiendo, como llevan haciendo estos tres últimos meses.
-¿Alguna razón habrá para que no quieras quedarte conmigo no? ¡No me creo que solo quieras pasear! –Gritaba ella.
-¿Tanto desconfías de mí?
-No me das motivos para no hacerlo.
Y con esta última frase, Dani se fue de la casa. ¿En serio Cris no se fía de él? Por un momento se siente culpable. Es normal que no se fíe, está viéndose con otra chica y la ha besado. ¿Cuánto tiempo llevaba sin besar a otra persona que no fuera ella? Cerca de los 4 años. Ojalá pudiese volver a esa época, cuando no tenían problemas y lo único que les preocupaba era que no se enterasen de donde iban de vacaciones para poder aprovecharse al máximo. Ha llegado ya. Abre la puerta. Y como si ella lo estuviese esperando, sus miradas se cruzan. Quizá sí que lo estaba esperando. Sonríe. Y con esa sonrisa Daniel se olvida de lo que ha pasado con Cris y se centra en ella, en la ‘otra’. ¿La ‘otra’? ¿Se puede llamar ‘otra’ a la que te hace sonreír en estos momentos? El chico de la guitarra le mira. ¿Le habrá reconocido? No quiere quitarle protagonismo a Marina. Pero este pronto mira a otro lado. No, por suerte, parece que no lo ha hecho. Se sienta. Y la observa. Está preciosa, y su voz…
Termina el espectáculo. Y él solo ha podido disfrutar de una canción… algo le dice que no será la última que ella le cante. La mira, ella le hace un gesto en plan ‘espérame’ y se mete para el camerino. Curioso, por una vez no es ella la que le espera a él. No tarda en salir, se ha cambiado. Ya no lleva ese vestido negro ajustado que estaría poniendo malo a medio público, entre ellos a él. Pero esos vaqueros repegados y esa camisa transparente siguen haciendo que esté increíble.
-¿Nos vamos?
-¿Estás enfadada? Siento no haber podido venir antes…
-¡No pasa nada idiota! –Sonríe. –Acabo de ver tu sms, si no me lo llegas a mandar… -Y le besa en la cara. Aunque se esté muriendo por hacerlo en los labios.
Caminan separados. Pero el movimiento de sus manos hacen que estas choquen. Marina se sonroja. Él la mira, y entonces lo entiende. Le da la mano. Ahora sí parecen una pareja de verdad. Pero espera ¿lo son? Él sigue con Cristina… o por lo menos eso cree ella. No le ha insinuado nada de que lo hayan dejado.  ¿Y si le pregunta?
-Oye… ¿sigue… -Pero no le da tiempo. Empieza a llover. Lluvia. No lo puede evitar y sonríe. Le encanta la lluvia, desde siempre. Él la mira y sonríe también. A pesar de que está lloviendo más fuerte de lo normal, ellos siguen allí. Empapándose, agarrados de la mano.
-Parece que va a llover… -susurra ella. Él no la escucha. Pero este momento le recuerda a una escena de su serie favorita ‘Los hombres de Paco’.
-Está cayendo un tormentón… el diluvio universal está cayendo. –Y sin ni siquiera verlo venir, ella le besa. Un beso bajo la lluvia. No lo entiende, pero se hace hacer. Quería besarla desde que la vio en ese escenario, más bien quería besarla desde que la besó por última vez el día anterior. Y aunque él no lo sepa, ella lo besa porque sin darse cuenta, ha dicho una frase como la de esa serie, parecía que le contestaba. ¿Seguirá con Cris? Le da igual, el destino les ha juntado. Ahora mismo son él y ella. Bueno, él, ella y la lluvia. 

lunes, 23 de julio de 2012

CAPITULO 8.


Al día siguiente.

Estoy acostada en la cama. De repente suena el móvil, el sonido me despierta. ¡Bfff! Voy tarde. Había quedado con Alberto para practicar algo con la guitarra, me va a intentar conseguir que actúe en algún bar o algo, dice que tengo talento, y yo… estoy dispuesta a probar cosas nuevas. Me duele la cabeza, estoy cansada, no he dormido apenas esta noche… ¿lo de ayer fue un sueño? Me rozo los labios. No, no lo fue. Me besó, Dani me besó. No podría describir a qué sabe un beso de tu ídolo. No sé si tengo hambre o las mariposas de mi estómago se están poniendo nerviosas de recordar lo que pasó ayer. Me levanto de la cama. Llamaré a Alberto para decirle que quedemos otro día. Quizá será lo mejor.
-¿Diga?
-Alberto, soy Marina.
-¡Ah! Dime.
-Que me he dormido y no creo que me dé tiempo.
-Pues tenemos que quedar hoy sí o sí. Me han dicho que mañana podrías actuar en un bar de aquí cerca ¿puedo ir a tu casa y te explico mejor?
-Mmmm… sí, sí.
-Estaré allí en 15 minutos. Un beso.
-Un beso. -¿15 minutos? Estoy en pijama y con unas ojeras por los suelos. Me arreglaré un poco. Unos vaqueros largos y una camiseta del monstruo de las galletas. Unas converses y lista. Me recojo el pelo con un coletero y me echo un poco de maquillaje. Bueno, estoy aceptable. Tampoco tengo que estar perfecta, no es Daniel.
Me tomo un café y me lavo los dientes, tiene que estar al llegar. *Ding, dong* Abro.
-¡Hola! –me sonríe. Dos besos.
Me empieza a explicar que el vídeo que me hizo el otro día en clase mientras cantaba lo ha enseñado en varios bares y que este aceptó. Quizá es demasiado precipitado, no tengo ni 10 canciones preparadas.
-Tú solo tocarás la guitarra en un par de ellas, en las otras lo haré yo, seré tu acompañante.
-¡Perfecto! –Me emociona la idea de cantar delante de un público, que este me aplauda y sentirme querida.  No creo que sea una gran cantante, hay millones de personas que lo hacen mejor que yo, quizá ni me merezca esta ‘oportunidad’ pero como mi madre decía (sí, mi madre) ‘’que nadie te diga que no puedes hacerlo, tú puedes llegar más alto que el cielo’’.  ¿Y por qué no…? Sí, lo haré. Cojo el móvil y escribo un sms ‘Hola. Quizá lo de vernos se pueda adelantar, mañana actúo en un bar cantando y tal, y me haría muchísima ilusión que vinieras, tú me has animado tienes que estar presente.’ Y junto con ‘Un besazo’ le añado todos los datos del bar, la hora y demás.
-¿Practicamos? –me pregunta Alberto.
-¡Vamos! –y le sonrío. Estoy feliz. *bip-bip* Un sms ‘Claro que estaré allí. Mañana nos vemos entonces guapa. Un abrazo.’ Vuelvo a sonreír.
-¿Qué pasa? –Pregunta Alberto.
-Nada, nada… ¡Vamos a ensayar ya! –pero no pierdo la sonrisa.

Sábado, cerca de la hora de la actuación.

-Voy a salir a dar una vuelta ¿vale?
-¿Ahora? ¿No habíamos quedado en que íbamos a cenar juntos?
-Sí… pero tengo que salir, cuando vuelva cenamos, no tardo de verdad.
-Mira Dani, ya sabes que precisamente bien no estamos, si prefieres irte a dar una vuelta antes de cenar conmigo… -mira, triste al suelo –tanto no me querrás.
-Cris, sabes que te quiero. Pero no hemos salido en todo el fin de semana y me apetece estirar las piernas ¿tan raro es?
-Bueno, cenamos y sales.
-Per…
-¿Vale? –y sonríe. Cuando Cris sonríe Dani no se puede negar a lo que le está pidiendo, es su debilidad desde siempre.
Así que, coge el teléfono y le escribe un sms a Marina ‘Llegaré un poco tarde, lo siento’. Enviar.

En esos instantes.

-Marina, estamos a punto de salir, vamos. –dice Alberto.
¿Cómo pretende que salga si aún no está Dani en el público? Necesito que esté él, que me de confianza.
-Marina, vamos. –me vuelve a decir, esta vez más serio. Un último vistazo, no llega. ¿Será capaz de dejarme tirada hoy? ‘Parece que te has olvidado de que sigue teniendo novia, tú no eres lo primero por mucho que te empeñes’. Y con este último pensamiento, salgo al escenario. La gente aplaude, nervios. Alrededor de 100 personas observándote, juzgándote, mirando tu forma de vestir, tu forma de cantar. El todo o nada para mí está a punto de empezar. Lo tengo que hacer bien si quiero seguir con esto… aunque ni siquiera estoy segura de ello. Empiezo a cantar, ‘Aunque tú no lo sepas’ de ECDL. Mientras miro a la puerta… No, no llega. En ese momento, en el camerino en el móvil de Marina. *bip,bip*

jueves, 19 de julio de 2012

CAPITULO 7.


Jueves.

Por fin jueves, por fin a verle de nuevo. Mis ganas sobre pasan los niveles reales, son sobrenaturales, ganas de él, de su camisa de cuadros, de sus converse, de verle sonreír, de que me haga reír, y de saber qué pasará hoy… ¿algo bueno? Ojalá. He hablado un par de veces con él por WhatsApp durante estos días, pero nada importante.  Y mientras tanto… Alberto. Alberto es un amor. Hoy en clase de guitarra me ha pedido que cante, sabe que se me da bien. Estamos practicando con la canción ‘La cama’ ¿sabéis cuál es? Esa que cantan en ‘Tengo ganas de ti’, y desde entonces me encanta. De hecho he sido yo la que la ha sugerido. En fin, que mientras que la sigo tarareando he llegado al plató. ¡Bf! 
Ya sabéis esa sensación de que acaba de empezar el programa y en 5 minutos se están despidiendo, pues otro jueves que me pasa. ¡Qué tendrán los jueves! Así que nada, a esperarle. Sin ni siquiera pensarlo me pongo a tararear de nuevo la canción.
-¡Qué bien cantas! –me dicen. Miro hacia arriba. Es Daniel, se me ha metido la manía de esperarle al lado de su coche, para que no se me escape.
-¡Qué pronto has salido hoy! Apenas te he tenido que esperar.
-Tenía ganas de verte. –me sonrojo. Le miro, le sonrío y me responde con una gran sonrisa, de esas que solo él tiene. Sí, hoy va a ser un buen día. -¿Tienes hambre?
-¿Qué tal unos churritos? –le pregunto. No estaría mal que todos los jueves repitiésemos eso, sería como algo nuestro y al final cada vez que viese un churro se acordaría de mí.
-Vale. –De nuevo miradas, de nuevo sonrisas. Hay conexión. Quizá no hablemos a diario, pero cuando estamos juntos somos uno.
Echamos a caminar, tenemos que encontrar la misma churrería en la que compré la semana pasada. La única que está abierta en Madrid a estas horas.
-Me gusta mucho como cantas, te lo digo en serio. –me dice.
-¿De verdad? –sonrío. –Antes solía cantar y tocar el piano a diario, ahora me he pasado a la guitarra.
-¿Y por qué dejaste de tocar el piano?
-Simplemente me gustaba más la guitarra. –mentí.
-¿Seguro?
-Vale… -le cuento la verdadera razón por la que dejé el piano apartado. Quizá ya se lo imaginaba, no era la primera vez que hablaba con él del tema de mi madre. Pero al menos, el camino se hizo más ameno.
Termino de contarlo. Se acerca y me abraza. ¿Alguien me pellizca? Ah no… que es real. ¡Ay! Le aprieto fuerte hacia mí, quiero que se dé cuenta de que no quiero que se vaya. Pero por desgracia, los momentos como este duran apenas unos minutos, pero la sensación que te dejan después, de estar cerca de las nubes quizá no se me vaya en un largo tiempo. Se separa y me dice:
-¡Mira! –Miro hacia donde está señalando, ¡un fotomatón! –Creo que tengo un par de euros sueltos… -mete su mano en el bolsillo. –Sí, los tengo. ¡Venga vamos! –me coge de la mano y nos dirigimos hacia allí. Entramos.
Las fotos empiezan a echarse. Daniel empieza con las tonterías. Una mirando para arriba, otra sacando la lengua, otra haciendo de Jaime, otra riéndonos a más no poder, otra él mirándome, la siguiente mirándonos. Quizá para la próxima salgamos muy cerca, tal vez demasiado. ¿Y si me quiere besar? Prácticamente noto su respiración en mi cara. Estamos a 5 centímetros, a 3, a 1… Entonces habla la voz de la máquina. Jodida voz, nos avisa de que ya están todas las fotos y que las podemos recoger. ¿Y a mí qué, joder? Yo quería besarle.
Salimos de allí, él las coge.
-Toma, creo que las deberías de tener tú.
-¿Yo? –Él asiente, y yo las guardo en el bolso. Seguimos caminando, ahora estamos un poco cortados. No sé de qué hablarle, la situación nos ha dejado sin palabras. Así que, echo a cantar. Otra vez, la misma canción. Él me mira y se ríe.
-La próxima vez la quiero acompañada de la guitarra.
-La tendrás. –Sonrisas.
Por fin llegamos, dos raciones de churros y chocolate para llevar. Avanzamos un poco y nos sentamos en un banco, el uno enfrente del otro. Y haciendo que lo que ha pasado está olvidado, volvemos a reírnos y a charlar sobre cualquier tontería. Somos un desastre comiendo chocolate, al menos yo. Me llene de manchas… pero estaba feliz.
-Deberíamos de haber cogido servilletas. –Me dice. Y en esto que se acerca a mí. –Tienes un poco de chocolate aquí. – ¿’Aquí’? Un ‘aquí’ que significa en la comisura del labio. Me limpia, y se chupa el dedo. -El chocolate está genial. Pero hoy venía con intención de probar otra cosa. –Y ahora sí, que sí. Está tan cerca que incluso me cuesta respirar. Me besó, pero que beso. Un beso con pasión, en plan ‘hace tiempo que quería hacerlo’. Y yo le respondo, me dejo llevar. Al fin y al cabo, también me moría de ganas de que este momento llegase. Tal vez, ahora cambie mi vida. Tal vez. O tal vez sea un beso sin importancia, para aclarar sus ideas. Pero qué beso. Después un acompañamiento a mi casa, otro beso y la promesa de que el jueves siguiente nos volveremos a ver. Inevitablemente, iba a ser imposible que en esa semana dejase de sonreír. 

lunes, 16 de julio de 2012

CAPITULO 6.


Unos días después:

Martes.

¡Qué poco queda para volver a verle! ¡Estoy como loca! Aunque la verdad no he vuelto a hablar con él desde entonces. Y verlo por la TV no es suficiente. Echo de menos tenerlo cerca… verle sonreír. A veces me pregunto por qué me llena tanto. Porque cuando estoy con él o estoy pensando en él, o viendo la tele o vídeos en los que sale él no me hace falta ni comer, ni dormir, ¡ni siquiera ir al servicio! Y no os lo estoy diciendo de broma. Es como que si él de alguna forma está presente no necesitas nada más ¿me entendéis? Pero aún creo que me estoy haciendo demasiadas ilusiones. Ya no es solo el hecho de que nos llevamos más de 10 años, sino que además el tiene a Cris. Y a pesar de que me dijo que no estaban muy bien… no me gustaría ser quien rompa una relación. Así que, yo voy a hacer lo que me apetezca siempre y cuando él quiera. Cambiando un poco de tema, Alberto, mi profesor de guitarra ¿os acordáis? Me invitó a cenar el domingo. Yo acepté, solamente me apetecía pasarlo bien y despejarme un rato, pero él… bueno él, me intentó besar y yo le quité la cara. Que sí, que me podéis decir que no tengo nada con Daniel, y que es imposible que algún día lo tenga. Que pasar dos noches juntos hablando no es nada. Pero, ¿sabéis que os digo? Que lo imposible solo cuesta un poco más, y que yo, le voy a enamorar. Alberto, insiste todo lo que quieras, que mi corazón tiene nombre y apellidos. Voy a darme un ducha, *bip,bip*. ¡Me han hablado por WhatsApp! Dos conversaciones abiertas. La de Alberto ‘¿Qué tal guapa? ¿Cómo ha ido el día? ¿Llevas bien la canción?’ paso de contestarle, y cierro la conversación. Otra, un número desconocido. ‘Espero que con lo que me ha costado encontrar tu número no faltes este jueves a verme ¿eh? Por cierto, tú carta preciosa, la he vuelto a leer. ¡Un besazo guapa!’ Blanca. Blanca me quedé al leer esto. ¿Daniel? Sí, sí, es él. Sonrío. Esas sonrisas verdaderas que no se te van de la puta cara, ¿esas? Esas se quedan pequeñas comparadas con la que yo tenía en ese momento. Ahora más tarde le contestaré. Me meto en la ducha, pero sonriendo. Ya sabéis que tipo de sonrisa.

En otro punto de la ciudad.

No contesta. ¿Y por qué no lo hace? ‘Conectado’ ¡¡Está conectada y no contesta!! A lo mejor no tendría que haberle mandado nada. Pero me ha costado horas encontrar su número y no podía esperar más. ¿Le envío algo más? No, no quiero parecer pesado. Tampoco hace falta que se dé cuenta que lleva sin salir de mi cabeza desde que la volví a ver. Tan natural, tan… ella. Hacía tiempo que necesitaba algo así. Las cosas con Cris van de mal en peor. No sé, en serio. No tengo ni idea de que estoy haciendo mal. Que sí, que tontear con una chica de diecinueve años no es precisamente hacer las cosas bien. Pero no puedo más. Siempre me está poniendo malas caras y ¡bfff! Os juro que la quiero muchísimo, la quiero a morir, pero necesitamos solucionar esto…  *bip, bip* ‘¿Acaso dudabas que fuera a ir? Si tú eres quien me alegra los jueves, (y todos los días) ¿La has vuelto a leer? Ay. Que enorme ídolo tengo. Gracias, hasta el jueves. ¡Un abruzo!’ Sonrisa. ‘Un abruzo’ dice, ais. Más de una vez me la he planteado como más de una amiga. ¿Qué pasa si el próximo jueves la besa? Un beso sin importancia. Solo para aclararse las ideas. Por un momento se me olvida, que soy famoso. ¿Y qué? ¿Pero y si ella es la típica que solo busca fama? ¿Y después de ese beso va a contarlo a Sálvame o algo por el estilo? ‘¡Qué imaginación tienes Daniel!’, pensé. Habéis estado hablando durante horas y le has contado cosas que quizá si ella fuese como tú piensas ya estarían en todos los medios de comunicación. Confía en ella. Es buena chica. Decidido, este jueves la va a besar. Y con esto, empiezan a aumentar sus ganas de que sea jueves.

miércoles, 11 de julio de 2012

CAPITULO5.


Jueves.

¡Ay! ¡Por fin es Jueves! Me moría de ganas de que llegase. La semana se ha pasado bastante rápida. He hecho un grupillo de amigos de la universidad y salimos ayer a tomar algo. También he salido un par de veces con mi profesor de guitarra. Alberto. A parte de guapo es bueno, super atento y majo, aunque de momento no tenemos nada serio. Y digo de momento porque todavía está él en mi cabeza. Sí, sí, él. Creo que si las cosas no marchan hoy será la última vez que vaya a verle, se molestaría el otro día por algo que dije o hice, porque no he vuelto a tener noticias de él… o simplemente que no se hace amigo de las fans y punto. En fin, estoy nerviosa. No tengo ni idea de que ponerme, pero voy a ir básica esta vez.

Unas horas más tarde.

¡Qué tráfico! Voy a llegar tarde al plató. Hoy es Jueves, por fin, último día de la semana al menos para mí. ¿Vendrá hoy? Dijo que si no la localizaba lo haría, quizá se haya arrepentido. Tengo muchísimas ganas de hablar con ella y de verla, pero no sé si quiero. Porque no tengo ni idea como va a acabar la cosa, pero ahora mismo tengo algo claro: quiero a Cris. Y darle la oportunidad a una fan de acercarse a su ídolo no tiene nada de malo ¿verdad? No, no lo tiene.
Llego al plató, estamos a punto de empezar. Hacen pasar al público y ahí está ella. Sentada en el mismo sitio que la vez anterior, pero incluso más preciosa que la semana pasada. Va básica. Con unos vaqueros largos, unas converses rojas y una sudadera de Superman, ya está empezando a hacer frío. El pelo lo lleva recogido con una coleta. Preciosa. La veo apagar el móvil y de repente mira al frente. Cruce de miradas. Me pongo nervioso y miro a Flippy. Hago como si no la hubiera visto, pero la miro de reojo y ella me está sonriendo. Se ha dado cuenta.
Termina el programa. Hoy podré salir un poco antes, sobre las 2 o así. No tengo ni idea de si estará esperándome. Pero hoy, tengo que llegar pronto a casa. Salgo. Tiro hacia el coche. Y escucho los pasos de alguien. ¿Será ella? Me doy la vuelta y sonrío. Pero no, no es ella. Es un grupo de unas cinco o más chicas que me estaban esperando, la busco con la mirada. Nada. ¿Se habrá ido? Termino de sacarme fotos y de firmar autógrafos, no sé qué hacer. Así que decido ir hasta el coche, al final llegaré antes de lo que esperaba a casa. Por llegar tarde, no he cenado y la verdad, me suenan las tripas. Llego al coche.
-¿Tienes hambre? –me pregunta alguien.
Me giro y ahora sí, es ella. Estaba sentada en el suelo esperándome.
-¿Te acuerdas o no te acuerdas de mí? –me sonríe. –Tengo churros.
¿Cómo no me voy a acordar de ti? ¿Si no has salido de mi cabeza en toda la semana?
-¿Churros? ¿Eso no se desayuna?
-Se supone, pero lo único que he encontrado abierto ha estás horas es un churrería. Curioso ¿verdad?
-Bastante. –Y suelto una carcajada.
Me siento a su lado en el suelo. Y me ofrece un churro. Parece que me haya leído el pensamiento.
-Habéis estado geniales. Cada día me gusta más el programa.
Sonrío –Gracias, aunque la verdad echo de menos a Flo, Anna y Raúl.
-Normal, yo también lo hago. –Mira hacia el suelo, parece que no tiene valor para preguntar algo, pero al final se decide -¿Con Cristina que tal?
Ahora soy yo el que miro hacia el suelo. –Bueno… ahora mismo no estamos muy bien.
-Oye, perdón si te ha molestado. –me dice. Sí, la verdad es que no me esperaba esa pregunta. Se levanta ¿dónde va? La miro, está delgadita, sinceramente tiene un cuerpazo. ‘Dani, que te pierdes…’
-¿Dónde vas?
-¿Damos un paseo? Son ya cerca de las 3, ¡no vamos a estar sentados toda la noche! –sonríe. No me puedo negar a esa sonrisa. Por un momento pienso en Cris. Veo como Marina me estira la mano para ayudar a levantarme. Cris. Marina. Cris. Le acabo dando la mano. Un paseo no hace mal, con que llegue a las 4 a la casa…
Risas. Muchas, muchísimas risas. Es una chica bastante graciosa. Me encanta.
-Es fácil hacerte sonreír. –le digo.
Sonríe. –Con esta compañía sería difícil no hacerlo. –me mira. Que ojos. Que ojazos. Verdes. Para perderte en ellos y que no te encuentren nunca.
Le sonrío –Por cierto ¿cuántos años tienes?
Se para a pensarlo -19. Parezco más mayor ¿eh?
19, 19 años. Esta chica se está volviendo una tentación. ¡Y vaya tentación!
-¡Mira! –me asusta.
-¿Qué?
-Ahí vivo yo. –Y señala a un edificio que está justo enfrente. Se me acerca y me susurra una cosa al oído. El portal y el piso, y añade – ¡Por si algún día te quieres pasar! –Sonrisas de nuevo.
-¡Si que hemos andado! –comento.
-Yo no me había bajado en coche, lo tengo aquí aparcado, si quieres te bajo… -sin darme cuenta la he acompañado hasta su casa.
-No, da igual. Tampoco estamos tan lejos. Es otro paseíllo. –le sonrío.
-¿Seguro? –Y se acerca.
-Segurísimo. –me sonríe. Se sigue acercando. Quizá ahora está incluso demasiado cerca. Noto su respiración. Y… me da dos besos. Pero dos besos tan cerca de la comisura del labio que parecía que sabía que me estaba muriendo de ganas de uno de verdad. 19 años.
-¿Sabes? Estoy aprendiendo a tocar la guitarra, un día te canto una canción.
-¡Hecho! ¿Me das tu número?
-¿Pero todavía no lo has conseguido? –Y sonríe mientras que abre la puerta del portal. –Búscalo anda… o si no, nos vemos el Jueves que viene. –me guiña un ojo y se va.
Son ya las 4. Cris. Me apresuro a ir a por el coche. No quiero que se haga más tarde y que tengamos más peleas.

En ese momento, en su piso ya.

¡Bfffff! Yo no sé a dónde va a ir a para esto, pero lo que sí está claro es que nos sentimos atraídos el uno por el otro. Esta noche ha estado bien, he sido coqueta pero sin pasarme. Sé que está Cris y no está bien entrometerme… ¿podría llegar ya el próximo jueves? Por favor, y gracias. 

domingo, 8 de julio de 2012

CAPITULO 4.


Tengo la casa hecha un desastre.  Estaba casi seguro que las cartas de las fans las tenía por aquí. Llevo horas buscándolas. Escucho como se abre la puerta de la casa. Será Cris. Últimamente no estamos demasiado bien.
-¿Qué haces? –me pregunta. ¿Y el ‘hola’? ¿Y el beso? Ayer se enfadó un poco conmigo por llegar a las horas que llegué. No sé creyó mucho lo de que estuve trabajando hasta las tantas. Aunque la verdad, no sé ni por qué le mentí, si no hice nada malo. Aparte de escuchar a una fan con muchos problemas. Una fan preciosa, sí, pero al fin y al cabo una fan. Ni siquiera sé la edad que tiene, pero no creo que supere los 20. ¿Qué te pasa Daniel? ¿Por qué te ha dado tan dentro una muchacha que apenas conoces?
-¡Oye! Que qué haces. –me repite Cris.
-Estoy buscando las cartas que me escriben las fans… ¿sabes dónde están?
-No, no tengo ni idea. –Y se va hacia la cocina. Sí sigue enfadada, enfadada y triste. Ella triste y yo… yo buscando la carta de la fan preciosa con su número. Me siento mal, no estoy haciendo las cosas bien con ella. Empiezo a recoger todo lo que había puesto por medio.  Ojalá pronto vuelva todo a la normalidad. Cuando ella venía con esa sonrisa de oreja a oreja y pasábamos horas y horas juntos. Me acerco a la cocina.
-¿Te ayudo con la cena? –me ofrezco.
-Vale, ve preparando la ensalada. –me contesta. Y me aproximo a ella, y le doy un beso en el cuello.-Te quiero –le susurro al oído. Ella se limita a sonreír y a seguir cortando pan. Pero, mucho a mi pesar, en mi cabeza también está otra sonrisa, un poco más joven que la de Cristina, y llena de vida. En cuanto termine de cenar, seguiré ordenando todo lo que he sacado, de paso intentaré ordenar mis sentimientos. Bastante más desordenados que la casa.

Lunes de la semana siguiente.

Hoy empiezo con la universidad. Que nervios. Al día siguiente de ver a Daniel, llamé al programa y me volvieron a dar sitio para este jueves, de nuevo iré sola. Sinceramente, tenía esperanzas de que él buscase mi número y me llamase… ¡pero qué tonta! Y es que lo pasamos tan bien… tan agusto… ‘Va, Marina, vuelve a la realidad.’ Cojo el coche y me marcho para la universidad, una mezcla entre ganas y miedo se me hace en el estómago. ¿Qué me esperará allí? A lo mejor hago buenas amistades, mis amigas de mi pueblo, me han llamado apenas dos veces, la verdad pensaba que iban a estar más tristes por mi marcha, pero no ha sido así… aún así las quiero, siempre han estado a mi lado y sé que si las necesito van a estar ahí. En fin, sin darme cuenta ya he llegado. Las primeras clases estuvieron entretenidas, un poco de presentación de los profesores, la asignatura y de lo que vamos a hacer durante el curso.  De camino a otra aula, vi un cartel. ¡Anda! Clases de guitarra. Me apetece hacer algo nuevo, una nueva experiencia. El piano lo deje apartado por motivos obvios y la fotografía es más como un hobby. ‘¿Qué pierdes, Marina?’ A parte, conoceré gente. Así que apunto el teléfono en mi móvil, llamaré cuando esté en casa.
Por fin termina este primer Lunes universitario. No ha estado nada mal, ¡y mañana empiezo con las clases de guitarra! He conocido a unos cuantos compañeros que son majos, tal vez quede con ellos en el fin de semana. Pero yo ahora solo tengo un objetivo, el jueves. Cuatro días sin señales de Daniel… ‘Ilusa. No sé ni cómo pensaste que te iba a llamar.’ Pero aún así, no puedo evitar pensar en él, y en esa conversación. Pensar en su sonrisa. Sonrío. Ahora cenaré y estudiaré un poco, tengo que currármelo para que no me quiten la beca. Suena el móvil, *bip,bip,bip* ‘Daniel, por favor, Daniel…’ ; nada. Pero sinceramente, escuchar la voz de mi hermana me animó. Como la echo de menos.
Amanece. Nuevo día. Las clases, exactamente como el día anterior. Por fin, llegó la tarde. Y fui a la clase de guitarra. Había dos o tres personas más y un profesor tal vez un par de años mayor que yo, pero que llevaba toda la vida estudiando guitarra. Es guapo.  En toda la clase no paró de sonreírme y prestarme atención. Quizá deba olvidarme de Daniel, porque lo nuestro es imposible. ‘Lo nuestro’. Pero si no tenemos nada. ¿Qué hemos hecho? ¿Intercambiar unas palabras? ¿Y por qué no podía dejar de pensar en él? Vale, es mi ídolo y lo lleva siendo desde hace ya un tiempo, pero está sensación no es la que tenía antes. Su sonrisa.
-Marina ¿te estás enterando de cómo va las notas en la guitarra? –me preguntó el profesor.
-Sí, sí. –mentí. Estaba demasiado ocupada imaginando que él está a mi lado. Él.
‘Que sea Jueves ya, por favor…’
Y normal que Marina tuviese tantas ganas de que fuese Jueves, ya que ese Jueves será increíble, que digo increíble, muchísimo más de increíble. Pero ninguno tiene idea de nada. 

martes, 3 de julio de 2012

CAPITULO3.


¡Qué rápido pasa el tiempo cuando es a él a quien tengo delante! Ya estaba en la calle, ahora toca esperarle. No sé a qué hora saldrá pero me han dicho que los jueves suele salir más tarde ¿y qué? Más que lo esperé aquel día… Me siento en un escalón enfrente del edificio.  La noche va a ser larga.  Pronto la calle se empieza a llenar de borrachos y gente que duerme por allí, y los que esperan se cansan de hacerlo, y cada vez hay menos gente. Exactamente igual que en Málaga… Eh, pero que yo sigo aquí.
Y se hacen las 2 y las 3 de la mañana y no sale. Estoy empezando a estar cansada, todas las horas arreglando el piso están empezando a pasarme factura. Tengo sueño, pero todavía aquí sigo.  Las 3:30, mi corazón se pone a 1000 por hora, ya está, es él. Esa camisa de cuadros y esas converses… él. Todavía quedaban un par de chicas conmigo, se acercan a él, se echan unas cuantas fotos, un par de besos a cada una y se van… Él se va hacia su coche, ni siquiera se ha dado cuenta de mi presencia. Quizá debería de irme, alomejor está cansado y no quiere hablar conmigo o a saber… 
-¿Te encuentras bien?
Vale, me he quedado mirándole sin parar, con una cara de empanada que no veas y con la cabeza en mis pensamientos. Y claro, él me ha visto.
-Eh,eh..sí,sí. –le contesto, y noto como me ruborizo.
-¿Quieres una foto? ¿Un autógrafo?
-Sí, por supuesto. – le sonrío.
Nos la echamos y yo dejo el miedo y la vergüenza atrás y me decido a hablarle.
-Fui a verte a un Rechace en Málaga… ¿te acuerdas de mí?
Pone cara de no esperarse esa pregunta pero al fin y al cabo contesta lo que yo me imaginaba –Hay muchísima gente que vino al Rechace en todas las ciudades a las que fui… es imposible que me acuerde de ti.
Puse cara un poco entristecida y me puse a buscar la foto. La saqué y se la di. Él se quedó mirándola pensativo…
-¿Tú eres la chica que estaba llorando ese día?
Sonreí. –Sí esa soy yo.
Empezamos a andar y llegamos a un banco, él se sentó y yo hice lo mismo.
-¿Y por qué llorabas? –me dijo.
No sabía que contestarle, ni siquiera sabía si quería contárselo. Pero tragué saliva y empecé. Él me escuchaba en silencio y mirándome fijamente. A veces sonreía cuando hablaba sobre él, sobre lo mucho que le quería por aquel entonces y sobre que me llamasen loca por el hecho de hacerlo. En menos de 5 minutos ya le había contado la situación en mi casa hasta ese día de Marzo. Y cuando terminé de contarle lo que pasó esa noche, no pude evitarlo y una lágrima calló por mi mejilla, ni siquiera me di cuenta pero antes de que avanzará más él me pasó su dedo para secarla. Le miré, y sonreí. Pensé ‘tienes que aprovechar Marina. Mira a quien tienes enfrente, joder, es tu ídolo. No pierdas la oportunidad’. Y haciéndole caso a mi instinto le saqué tema de conversación, entre los que estuvieron Guasap!, Otra Movida y mi mudanza a Madrid. Cuando nos quisimos dar cuenta ya eran las 5 de la mañana y él me dijo que tenía que irse.  Sé que todavía sigue con Cris, por lo menos no ha habido rumores de ruptura en todo este tiempo pero yo creo que hemos conectado, me he sentido tan cómoda hablando con él… Antes le había preguntado que si guardaba las cosas que le daban las fans y él me contestó que todo, todo lo que le han dado las fans lo tenía guardado.
-¿Cómo te voy a poder localizar? –me preguntó. Y me sonrojé de nuevo. –Me lo he pasado muy bien hoy, y creo que podríamos ser buenos amigos. –Amigos, ya ha matado todo el encanto. Pero el roce hace el cariño… venga Marina ¿qué le piensas contestar?
-Ese día te di una carta, en un sobre azul con un montón de cosas pintadas y con un ‘Para Dani Martínez’ en grande, ahí te puse mi número… Como lo guardas todo, si la encuentras ya sabes donde localizarme ¿vale?
Él puso cara de no tener ni idea de dónde podría encontrarse la carta, así que antes de irme dije:
-O tal vez me pase el Jueves que viene otra vez por aquí… -Y sonrió, y le sonreí. Me levanté del banco y me dirigí hacía mi coche. Entonces él gritó:
-Esta vez no te ha hecho falta que te lleve eeeeh.. –me di la vuelta y estaba ahí despidiéndose. Sí es verdad que se acuerda de mí, ni siquiera le había comentado esa parte cuando le conté eso. Que amor. Pero… ¿A dónde irá a parar esto? Quizá solo él estuviese aburrido o no quisiera llegar todavía a casa y por eso se ha quedado hablando conmigo, quizá… ¿Qué será de Cris? Y con este último pensamiento me monto en el coche y me voy hacia mi casa. Mañana será otro día.

martes, 26 de junio de 2012

CAPÍTULO 2.


El viaje de vuelta transcurrió sin una palabra entre nosotros. Lo único que mi madre me dijo fue ‘¿Llegaste bien?’ pero no lo contesté, no porque no se lo merece... ¿Qué clase de madre deja a su hija sola en una ciudad que no conoce? Aunque si te paras a pensarlo, gracias a ello pasó todo lo de Dani… En fin, estoy muerta de sueño, apenas he dormido dos horas.. Me pongo los cascos y me echo a dormir, al ritmo de ‘Hey Soul Sister’ de Train.

Año y medio después.

Estoy en mi habitación, recogiendo mis cosas. Nos os podéis imaginar cómo ha cambiado mi vida desde aquel día de Marzo. No me hablo con mi madre, y ahora vivo en casa de mi padre. Ya no soy la ‘niña consentida de mamá’. Este año me he matado a estudiar, ¡y he conseguido nota para ir a Madrid a estudiar periodismo! Cuando vivía con mi madre me pasaba las tardes tocando el piano y cantando, tal vez os lo debía de haber comentado antes, pero ya lo he dejado. Ella era la que me enseñaba y desde que nos peleamos no le veo sentido a eso de tocar el piano. Ahora, dedico casi todo mi tiempo libre a mi otra pasión la fotografía, mi padre me regaló hace poco una Cannon y me paso día y noche sacando fotos a todo lo que pillo. Ya no soy como antes, lo noto. Físicamente, sigo más o menos igual. Ahora tengo un pirsing en la nariz y tal vez esté un poco más alta. ¡Hombre! Si es que cumplí los 18 hace unos meses, así que prácticamente estoy más cerca de los 19. Me he sacado el carnet del coche y tengo un Mini color amarillo, el que desde siempre me ha gustado. ¿Chicos? Mmmm.. no, gracias. En este tiempo tuve una relación con uno, pero claro no es Dani… Hablando de Dani ¿qué es de él? Otra Movida terminó, y ahora está haciendo ‘Guasap’ y para sorpresa de todos, el programa lleva en antena casi un año, con gran audiencia y yo para variar, lo sigo a diario. Porque sí, sigue siendo mi ídolo y el motivo de mi sonrisa. Pero volviendo a este mismo instante, estoy recogiendo mis cosas y es que me marcho a Madrid  ya, en nada empiezan las clases y me tengo que instalar. Ya os dije que mi familia tenía dinero, así que mi padre me ha alquilado un pisito pequeño, pero acogedor en el que viviré sola todo este tiempo. Según él, para que no me distraiga, no sé yo que es peor. Bueno, por lo menos confía en mí… Lo que peor he llevado este año y medio ha sido la distancia con mi hermana, ya sabíais lo importante que es para mí, y desde que me peleé con mi madre apenas me deja verla. Pero siempre llevó en el monedero un dibujo que ella me hizo, en el que sale Dani, ella y yo. Que tierno. Estoy guardado las últimas cosas en las cajas, aquí meteré algunas fotos que quiero llevar. ¡Ay! Una se me ha caído al suelo. La recojo, es la que me eché con Daniel ese día, lo quiero volver a ver, ojalá sea pronto…
-Papá ya estoy lista. ¿Nos vamos? –le pregunto.
-Si cielo, termino de cargar estas cajas y ya estoy.
Mi padre va a llevar el camión con las cosas para mi piso, yo iré en mi coche. Mi madre ni siquiera se ha despedido de mí ¿sabéis? Y eso duele, pero a ella le da igual, con deciros que su hijo con el Carlos ese está durmiendo en mi habitación. Demasiado.
De mi pueblo a Madrid hay unas cuantas horas de por medio. Fundí el tiempo en mis pensamientos y con Pereza de fondo caí. ¿Y por qué no voy de público a Guasap? De esta manera lo podría ver ¿Por qué no?
Cuando paramos a comer, busqué con mi móvil el número de teléfono. Buagh. Las blackberrys son una mierda. ¿Cómo es posible que tarde tanto en pillar señal? Por fin consigo el número y llamo, estamos a Lunes… iré el Jueves. Ya que los viernes no hacen programa. Voy a ir sola, total, no conozco a nadie en Madrid y hasta que la semana que viene no empiece la universidad será casi imposible que me relacione con la gente.  Estos días pienso pasarlos para conocer Madrid y arreglar el piso, pasar un tiempo sola creo que me vendrá bien.
-¿Diga?
Después de preguntarme los datos, me confirma que puedo ir el jueves ¡genial! Las ganas de volver a verle aumentan conforme voy llegando a Madrid. ¿Se acordará de mí? Lo dudo mucho. Hace bastante tiempo ya, aparte tiene muchísimas fans. Pero todo es posible ¿no?
Los días anteriores al jueves, tuvieron una mezcla de nervios y cosas que hacer. El miércoles por la mañana ya tenía todo el piso listo y las cosas para la universidad, compradas y preparadas. Así que esa tarde salí de compras, ¿tendré que ponerme guapa para mañana no?
Llegó el día, jueves. De lo nerviosa que estaba apenas comí y dormí en todo el día. A las 5.00 ya empecé a arreglarme. Ni idea de que ponerme. Como todavía hace calor, me pongo unos pantalones azules pitillo y una camisa de volantes blanca con unas sandalias. Creo que voy bastante bien. El pelo suelto, para no variar. Que poco acostumbrada estoy a estar por las calles de Madrid, me costó años encontrar los paltos de 4. Pero ya estoy aquí y el programa está a punto de empezar. Me llaman, el hecho de ir sola me da bastante vergüenza… ‘Es Daniel, Marina. La vergüenza no vale para nada cuando se trata de tu ídolo’ pensé. Sentada en primera fila, no podía ser menos. ¡Empieza, empieza! Y él ya está ahí, junto a Flippi. Qué guapo por favor, parece aquel día de Marzo. Él, yo… bueno, yo y cerca de otras 50 personas. Ya no es solo el hecho de que no se acuerde de mí, traigo la foto que nos echamos para dársela; ¿se parará a hablar conmigo siquiera? Obviamente, yo no era consciente de lo que en esas horas próximas iba a pasar.

domingo, 24 de junio de 2012

CAPÍTULO 1.


*Pi-pi-pi-pi-pi* Apague el despertador ¿Cómo es posible que ya sean las 8.00? Tengo que ponerme a arreglarme ya, Málaga me espera; y con ello mi ídolo. Joder que nerviosa estoy, es la primera vez que le voy a ver. Me levanto rápido de la cama, voy al baño, me lavo la cara y empiezo a arreglarme. A pesar de tener el pelo liso me doy un poco con la plancha, tengo que estar perfecta. Y os preguntaréis ¿quién soy yo? Mi nombre es Marina, tengo 17 años. Los  ojos verdes y el pelo liso y largo. No soy muy alta pero aparento mi edad.  Vivo en un pueblecito perdido del mundo, que no creo ni que merezca la pena mencionar. Allí es imposible que Daniel venga con el Rechace Imitaciones, así que para no variar la ‘niña consentida de mamá’ ,como se piensan que soy, ha conseguido convencer a su madre para que la lleve a verle. Mi familia, por suerte, tiene dinero. Vivo en una casa grande con mi hermana, mi madre y su novio.  Mis padres se divorciaron hace unos años y él vive dos casas por encima de la mía, por lo que le tengo cerca.  Mi hermana tiene 4 años, su nombre es Tamara; y a pesar de que no entiende los chistes, ve Otra Movida todos los días conmigo, estamos muy unidas. Mi madre se casó hace un par de años con Carlos, y ahora está embarazada. Mis amigas piensan que estoy loca, pero ellas no entienden lo que me da Daniel. Noto que alguien me llama por la espalda, es Tamara, que me saca por un momento de mis pensamientos.
-Hola pequeña.- le dije mientras le acariciaba el pelo, es preciosa. Tiene los ojos verdes como yo, pero en cambio ella es rubia y tiene una sonrisa que parece que te puedas perder en ella.
-¡Hoy vas a ver a Dani, Marina! ¿Estás contenta?
-Muchísimo… ¡que ganas de ir! Sólo me da pena que no puedas venir conmigo enana.
-Te llamaré desde el móvil de papá y me cuentas ¿vale? –y me sonríe, y yo me la quiero comer. Creo que no podría vivir sin ella. Se marcha de la habitación y yo empiezo a vestirme ¿qué me pongo? Después de poner el armario patas arriba me decido por unos shorts ajustados con unas medias de puntos y un jersey blanco.
-¡Maaarina! –mi madre me pegó un grito- ¡Baja ya que nos tenemos que ir!
-¡Voooooy!- Me reviso. Creo que voy bastante bien, cojo mi chaqueta de cuero negra y bajo las escaleras.  Mi madre me está esperando abajo junto a Carlos, me ha preparado una tostada para ir tomándomela por el camino.
-¿Y Marina?-le pregunto a mi madre.
-Carlos la ha dejado ya con tu padre…
-Ah… -ni se ha despedido de mí, la voy a echar de menos muchísimo, no estamos acostumbradas a estar separadas ni un día.
Después de 3 horas de viaje.
-¡Por fin estamos en Málaga! –dije.
-Sí cielo, vamos a comer por aquí cerca y hacemos hora para ir al teatro –me contestó mi madre.
El tiempo pasó lentísimo, no veía el momento que llegasen las 23.00 de la noche y poder verle, disfrutar de él y no parar de sonreír.
Miro el reloj, las 22:50 y Daniel sin aparecer… llevo esperándole desde las 21:00 y el espectáculo empieza a las 23:00 ¿dónde estará?
22:55. Llega un coche, alguien se baja… ¡Ay, es él, es él!  Me acerco, le doy mi carta pero se tiene que ir rápido ‘Tengo prisa lo siento’. Me acerqué a mi madre, y me eche a llorar. Es él joder, es él.  23:00 empieza el espectáculo, creo que este es imposible de describir, no hay nada que pueda decir que explique el dolor de tripa que cogí al no dejar de reír. Esta vez en cambio, el tiempo se pasó volando, y cuando me quise dar cuenta, ya estaba fuera.
-Marina, vamos para el hotel ya. Son cerca de las 2 de la mañana.
-¡Pero qué dices mamá! Yo no me muevo de aquí hasta tener una foto con él y sin haberle dado un abrazo.
-Es tarde ya cielo, y tenemos que madrugar mañana para volver…
-¡Por favor mamá! Que es mi ídolo…
-Bueno, esperamos un rato ¿vale?
-Gracias.- me acerco y le doy un beso. Seguro que en nada Carlos empezará a protestar. No os he comentado la relación con mi ‘padrastro’, sinceramente no existe. Paso de él y de todo lo suyo. Le ha comido la cabeza a mi madre y desde que está con él no es la misma. A veces pienso que me han cambiado de madre y yo no me he dado cuenta. Ella hace siempre lo que él quiere, y pone sus caprichos por delante incluso de nosotras.
3:00 de la mañana.
-Marina, nos vamos. Tu madre está embarazada ¿recuerdas? Necesita descansar. –dijo Carlos. ¡Vaya! Por fin ha abierto la boca. No había dicho palabra en todo el día, qué manera tan sofisticada de decirme que no lo hacía ninguna ilusión traerme a verlo, pero luego bien que se ha reído con el espectáculo.
-Mamáaaaaa… por favor… -le digo mirándola.
Ella pone cara de ‘venga vale’, pero ya está ahí el imbécil de su novio para fastidiarlo. –Miriam, lo siento, pero yo no puedo permitir que estés más tiempo de píe, no va a ser bueno para el bebé.
-Yo me puede sentar en ese banc…
-¡Qué no! –le corta él –que ya bastante has hecho por la niña y además ¡si apenas queda gente!
-Mamá, si os vais yo me quedo. Sé llegar perfectamente al hotel y duermo yo sola en una habitación, recogeré la llave de recepción y me acostaré, no pasará nada de verdad.
-No te vas a quedar sola aquí, y Carlos tiene razón… Nos vamos.
Ale, había tardado en hacer lo que el muchacho quiere. Venga ya… yo pensaba que cumplir sueños era más fácil, solo quiero un abrazo joder.
-Venga Marina, ya has escuchado a tu madre.
-YO NO ME VOY DE AQUÍ SIN UN ABRAZO SUYO ¿VALE? QUE ME QUEDO SOLA, QUE OS VAYÁIS ADIÓS.
-MARINA, QUE TE VIENES CON NOSOTROS Y PUNTO. O SINO SI QUE VA A SER LA ÚLTIMA VEZ QUE LE VEAS.
-Por lo menos esta vez merecerá la pena, que asco en serio. La manera que tiene de controlarte el tío este. No me creo que vayas a darle el gusto de iros, sabiendo lo feliz que me harías.
-Marina, Carlos no me controla no digas eso.
-¿QUÉ NO? SI CASI  NO PUEDES SALIR DE CASA SIN ÉL, ¡VENGA YA! –Carlos mientras miraba expectante la situación, hombre, él no va a comentar cuando sabe perfectamente que yo llevo la razón. Le miro con cara de asco, ¿por qué se tuvo que romper mi familia?
Mi madre se acercó a mí, y cuando me quise dar cuenta me acababa de meter una bofetada. ¡Menuda reacción! Se dio la vuelta y se fue. ‘Vamos’ le dijo a Carlos y allí me quedé yo.  Que en parte era lo que quería, pero quería que ella estuviese conmigo.
4:00 de la mañana.
Dani todavía no ha salido, está haciendo cada vez más frío y apenas quedan dos personas esperándole. La calle se está llenando de borrachos y gente que duerme en los bancos o así. Y yo estoy sola. No sé qué hacer, dije que sabía llegar al hotel pero era mentira, sólo me sé su nombre ‘Hotel Venecia’, pensé que aunque dijese eso ella se quedaría conmigo. La he estado llamando, ha apagado el móvil y al cerdo de Carlos paso de llamarle. Unas lágrimas recorren mi rostro. Seguiré esperando, al fin y al cabo estoy aquí por él.
5:00 de la mañana.
 Ya estoy sola, no tengo ni idea de qué estará haciendo Dani, alomejor se ha quedado dormido… sí puede ser. Oigo la puerta, ¡alguien sale! Me acerco, es Chuspi. Se sorprende al verme -Creía que no quedaba nadie –me dijo.
-Ah, ¿es que estabais esperando a que se fuera todo el mundo? ¿Y Dani?
-No, no. Lo que pasa que Dani no se encontraba bien. Ahora sale, me ha pedido que me vaya yo ya.
-¿Pero está bien?
-Sí, sí, no tardará en salir. Aunque creo que no son horas para que una chica como tú esté por aquí.
-Lo siento, pero es que quiero cumplir un sueño.
Chuspi me sonríe. –Entonces ten cuidado ¿vale?
-Sí gracias –y le sonrío, que majo es… Ojalá Dani salga pronto, en nada empezará a amanecer.
5:15 de la mañana.
Hace rato que un hombre me mira. Está enfrente de mí y yo trato de hacer como que no lo veo. Parece que está borracho. Y yo estoy sola. Tengo miedo… ¡Daniel sal, ya!
Me despisto un poco y cuando me quiero dar cuenta está justo delante de mí. Me empieza a hablar pero yo no lo contesto. Me está diciendo guarradas, joder. ‘Oye guapa, si estás aburrida vente a mi casa…’ Otra vez lágrimas por mi cara ¿será del miedo? Si mi madre se hubiese quedado conmigo no me pasaría esto. Entonces lo escucho, la puerta se está abriendo. Me levanto y esquivo al hombre como puedo. Esté mientras sigue diciéndome cosas e incluso hace el intento de seguirme, pero está demasiado ebrio como para andar. Sí, joder, sí es él. Daniel está saliendo. Se ha cambiado de ropa y para no variar está guapísimo.
Me escucha llegar y me mira.
-Hola.-le digo mientras le sonrío. Pero no lo puedo evitar y antes de que él me conteste le planto un abrazo. Y sí estoy cumpliendo mi sueño, pero me siento triste. Me pongo a llorar, llorando en su hombro… quién lo diría. Pero él sigue sin mencionar palabra. Hasta que me separo:
-¿Estás bien?-me dice con cara de preocupado.
-¿Y tú? Chuspi me ha dicho que no te encontrabas bien, llevo toda la noche esperándote.
-Sí, ya me encuentro mejor gracias. Creía que no quedaba ya nadie.-entonces escucha como el otro hombre me sigue diciendo cosas ‘Guapa, ven que te voy a hacer un apaño…’ No se sabe cómo, pero ha conseguido levantarse.
-¡Eh tú, desgraciado. Que no te vuelva a escuchar decirle nada! –le grita. Y yo mientras estoy en una nube. Que cielo, se preocupa por mí o eso me pienso –la gente está pillada de la cabeza. ¿No te habrá hecho nada verdad? ¿Por eso llorabas?
-Sí, bueno… no, en parte.  Sé que estoy fatal ¿una foto?
-¡Claro! –Y se acerca a mí, me pasa el brazo por la espalda y yo que sujeto la cámara estoy a punto de desmallarme.
-¡Listo! –la miro- ¡Por dios que cara!-el cansancio y las lágrimas habían echado a perder todo el trabajo de esta mañana cuando me estaba arreglando.
-¡Pero si sales  muy bien! –me sonríe. Su sonrisa… su sonrisa es perfecta.
-¿Sabes dónde está el Hotel Venecia? Es que tengo habitación allí y… no sé llegar.
-¡Claro! Si quieres te llevo con el coche, no deberías de ir tú sola, ya has visto como está la gente.
-Va..va..vale. –me sonrojo. Voy a ir en su coche. Me va a llevar, todo lo malo que he pasado me importa una mierda joder.
*En el coche*
-Ya queda poco para llegar. –me dice él.
-¿Te puedo preguntar una cosa?
-Sí dime.
-Antes te he dado una carta en un sobre azul, ¿la has leído?
-¿Eres Marina?
-¡Síííííí!
-He estado leyéndola antes de salir, como me encontraba mal he aprovechado el tiempo leyendo cartas.
-Ay qué bien. Pues en ella te he puesto mi twitter y mi móvil jajaja. Para que me llames-bromeo, sé que no lo va a hacer. Pero por intentarlo.
-Hemos llegado. –me dice sonriendo.
-Muchísimas gracias por traerme de verdad.
-¡De nada! Cualquier cosa por una fan. –Otra vez esta sensación… no lo puedo evitar y le planto otro abrazo. –Gracias de nuevo –le susurro.
Salgo del coche, y entro en el hotel. Me doy la vuelta y me despido. ‘Será la última vez que le vea’ pienso. Lo que yo no sé es que el tiempo volverá a juntas su camino con el de su ídolo.