Jueves.
Por fin jueves, por fin a verle de nuevo. Mis ganas sobre
pasan los niveles reales, son sobrenaturales, ganas de él, de su camisa de
cuadros, de sus converse, de verle sonreír, de que me haga reír, y de saber qué
pasará hoy… ¿algo bueno? Ojalá. He hablado un par de veces con él por WhatsApp
durante estos días, pero nada importante.
Y mientras tanto… Alberto. Alberto es un amor. Hoy en clase de guitarra
me ha pedido que cante, sabe que se me da bien. Estamos practicando con la
canción ‘La cama’ ¿sabéis cuál es? Esa que cantan en ‘Tengo ganas de ti’, y
desde entonces me encanta. De hecho he sido yo la que la ha sugerido. En fin,
que mientras que la sigo tarareando he llegado al plató. ¡Bf!
Ya sabéis esa sensación de que acaba de empezar el programa
y en 5 minutos se están despidiendo, pues otro jueves que me pasa. ¡Qué tendrán
los jueves! Así que nada, a esperarle. Sin ni siquiera pensarlo me pongo a
tararear de nuevo la canción.
-¡Qué bien cantas! –me dicen. Miro hacia arriba. Es Daniel,
se me ha metido la manía de esperarle al lado de su coche, para que no se me
escape.
-¡Qué pronto has salido hoy! Apenas te he tenido que
esperar.
-Tenía ganas de verte. –me sonrojo. Le miro, le sonrío y me
responde con una gran sonrisa, de esas que solo él tiene. Sí, hoy va a ser un
buen día. -¿Tienes hambre?
-¿Qué tal unos churritos? –le pregunto. No estaría mal que
todos los jueves repitiésemos eso, sería como algo nuestro y al final cada vez
que viese un churro se acordaría de mí.
-Vale. –De nuevo miradas, de nuevo sonrisas. Hay conexión.
Quizá no hablemos a diario, pero cuando estamos juntos somos uno.
Echamos a caminar, tenemos que encontrar la misma churrería
en la que compré la semana pasada. La única que está abierta en Madrid a estas
horas.
-Me gusta mucho como cantas, te lo digo en serio. –me dice.
-¿De verdad? –sonrío. –Antes solía cantar y tocar el piano a
diario, ahora me he pasado a la guitarra.
-¿Y por qué dejaste de tocar el piano?
-Simplemente me gustaba más la guitarra. –mentí.
-¿Seguro?
-Vale… -le cuento la verdadera razón por la que dejé el
piano apartado. Quizá ya se lo imaginaba, no era la primera vez que hablaba con
él del tema de mi madre. Pero al menos, el camino se hizo más ameno.
Termino de contarlo. Se acerca y me abraza. ¿Alguien me
pellizca? Ah no… que es real. ¡Ay! Le aprieto fuerte hacia mí, quiero que se dé
cuenta de que no quiero que se vaya. Pero por desgracia, los momentos como este
duran apenas unos minutos, pero la sensación que te dejan después, de estar
cerca de las nubes quizá no se me vaya en un largo tiempo. Se separa y me dice:
-¡Mira! –Miro hacia donde está señalando, ¡un fotomatón! –Creo
que tengo un par de euros sueltos… -mete su mano en el bolsillo. –Sí, los
tengo. ¡Venga vamos! –me coge de la mano y nos dirigimos hacia allí. Entramos.
Las fotos empiezan a echarse. Daniel empieza con las tonterías.
Una mirando para arriba, otra sacando la lengua, otra haciendo de Jaime, otra
riéndonos a más no poder, otra él mirándome, la siguiente mirándonos. Quizá
para la próxima salgamos muy cerca, tal vez demasiado. ¿Y si me quiere besar? Prácticamente
noto su respiración en mi cara. Estamos a 5 centímetros, a 3, a 1… Entonces
habla la voz de la máquina. Jodida voz, nos avisa de que ya están todas las
fotos y que las podemos recoger. ¿Y a mí qué, joder? Yo quería besarle.
Salimos de allí, él las coge.
-Toma, creo que las deberías de tener tú.
-¿Yo? –Él asiente, y yo las guardo en el bolso. Seguimos
caminando, ahora estamos un poco cortados. No sé de qué hablarle, la situación
nos ha dejado sin palabras. Así que, echo a cantar. Otra vez, la misma canción.
Él me mira y se ríe.
-La próxima vez la quiero acompañada de la guitarra.
-La tendrás. –Sonrisas.
Por fin llegamos, dos raciones de churros y chocolate para
llevar. Avanzamos un poco y nos sentamos en un banco, el uno enfrente del otro.
Y haciendo que lo que ha pasado está olvidado, volvemos a reírnos y a charlar
sobre cualquier tontería. Somos un desastre comiendo chocolate, al menos yo. Me
llene de manchas… pero estaba feliz.
-Deberíamos de haber cogido servilletas. –Me dice. Y en esto
que se acerca a mí. –Tienes un poco de chocolate aquí. – ¿’Aquí’? Un ‘aquí’ que
significa en la comisura del labio. Me limpia, y se chupa el dedo. -El
chocolate está genial. Pero hoy venía con intención de probar otra cosa. –Y ahora
sí, que sí. Está tan cerca que incluso me cuesta respirar. Me besó, pero que
beso. Un beso con pasión, en plan ‘hace tiempo que quería hacerlo’. Y yo le
respondo, me dejo llevar. Al fin y al cabo, también me moría de ganas de que
este momento llegase. Tal vez, ahora cambie mi vida. Tal vez. O tal vez sea un
beso sin importancia, para aclarar sus ideas. Pero qué beso. Después un
acompañamiento a mi casa, otro beso y la promesa de que el jueves siguiente nos
volveremos a ver. Inevitablemente, iba a ser imposible que en esa semana dejase
de sonreír.
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaiiiinnsssss!! Que cuquiiiiiii!! Me encantaaaa! Es muy v dfv,amnf nadbb .adf<.fv affvav f.!!! :3
ResponderEliminar¡Ay, ay ay ay AY! ¡Por fin! Tía, que me encanta el capítulo a más no poder :') Es preciosísimo y cada capítulo que leo me va gustando más y más <3
ResponderEliminarP.D: ¡Me encanta lo de los churros, no me digas por qué!^.^
¡SIGUIENTE YA! Te Quiero *3*
Aaaaaayyyyyyyyyyyy!!! Por fin el beso! Pero woekfnskdvn, Dios!! Quiero más, a saber que pasará!! Dios, no nos dejes así!!
ResponderEliminarMe encanta Rocío!!
Siguiente!!
auisundoasundouas *-* Morí jaja Siguiente! ^^
ResponderEliminar